La gratitud y la ciencia



Estudios realizados por diferentes equipos de investigación en la Universidad de California y en el Centro de Investigación de Conciencia de la Atención Integral llegaron a conclusiones asombrosas con respecto al concepto de gratitud. El hecho de desarrollar este estado de consciencia y de sentir gratitud con frecuencia cambia literalmente la estructura molecular del cerebro.


Cuando nos sentimos agradecidos, activamos las zonas en el cerebro responsables de la cognición moral, los sentimientos y también el sistema de recompensa. Se activa la corteza prefrontal, involucrada en la planificación de comportamientos cognitivos complejos, en los procesos de toma de decisiones, en el comportamiento social y en la expresión de la personalidad. También se activa el córtex del cíngulo anterior, responsable de las emociones y la empatía. Aumenta también la actividad en la sustancia gris.


¿Cómo nos afecta?

Estos estudios, realizados con grupos de personas sometidos a varias pruebas de expresión de gratitud durante varias semanas, dieron resultados muy positivos. Esta activación cerebral de las zonas concretas a las que afecta la gratitud se reflejó en un aumento del bienestar de los participantes.


Los sujetos reportaron menos problemas de salud en general, se dieron escalas más bajas de ansiedad y depresión. Se constató también un aumento considerable de su productividad al sentirse más renovados gracias a una mejor calidad del sueño. En definitiva, parece que ejercitar la gratitud es una práctica que nos ayuda a sentirnos más saludables y más felices.


Algunas formas de cultivar la gratitud

Despierta cada día valorando lo que tienes. El reconocimiento es el punto de partida de la gratitud. Muchas veces, en una normalización de lo que tenemos, terminamos pensado que es un derecho. Esto sucede incluso cuando lo conseguido ha sido producto de nuestro esfuerzo.


En este sentido, lo que nos falta puede motivarnos, pero no sesgar la valoración que hacemos de nuestra vida. Hablamos de esa base, muy relacionada con el autconcepto desde la que nacen muchas de las emociones que experimentamos. Así, la gratitud es una de las madres más fértiles en cuanto a emociones positivas se refiere. De ahí la importancia de cuidarla.


Un buen ejercicio para estimular el agradecimiento puede ser escribir una carta o un mensaje a aquella persona que un día nos ayudó con algo, aunque haya pasado tiempo. Dedicar un momento a pensar dónde nos gustaría enfocar hoy la gratitud o escribir un diario donde anotar tres cosas por las que estar agradecido puede ayudarnos a valorar lo que tenemos. En definitiva, rutinas sencillas que nos pueden recordar lo que tenemos cuando lo que nos falta nos abruma.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/valorar-lo-que-tenemos-es-la-mejor-forma-de-gratitud/


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